¿Qué ocurre si una persona llamada a una herencia no quiere aceptar ni renunciar?
No es una situación tan extraña como parece.
Tras el fallecimiento de un familiar, hay personas que deciden no hacer absolutamente nada con la herencia. Ni la aceptan, ni la rechazan.
A veces ocurre por desconocimiento. Otras, porque existen conflictos familiares, dudas sobre las deudas del fallecido o simplemente porque prefieren aplazar la decisión.
Pero esta actitud puede generar importantes problemas para el resto de herederos.
¿Es obligatorio decidir inmediatamente?
No.
La ley no obliga a aceptar o renunciar a una herencia en el mismo momento en que una persona es llamada a ella.
Sin embargo, eso no significa que la situación pueda mantenerse indefinidamente sin consecuencias.
Mientras un heredero no tome una decisión, la herencia puede quedar bloqueada y dificultar su reparto.
¿Qué problemas puede provocar?
Cuando uno de los herederos no acepta ni renuncia, pueden surgir situaciones como:
- Imposibilidad de repartir determinados bienes.
- Retrasos en la venta de inmuebles heredados.
- Conflictos entre los demás herederos.
- Dificultades para realizar trámites registrales o fiscales.
En definitiva, la falta de decisión de una sola persona puede afectar al resto de los interesados.
¿Puede obligarse a un heredero a decidir?
Sí.
El Código Civil prevé un mecanismo para evitar que esta situación se prolongue indefinidamente.
Cualquier persona que tenga interés en la herencia puede requerir formalmente al heredero para que manifieste si acepta o renuncia.
Una vez realizado ese requerimiento conforme a la ley, el heredero dispone de un plazo para pronunciarse.
¿Qué ocurre si sigue sin contestar?
Si, tras el requerimiento, el heredero no manifiesta su voluntad dentro del plazo legal, la ley establece una consecuencia importante.
Se entenderá que la herencia ha sido aceptada pura y simplemente.
Es decir, el silencio ya no sirve para retrasar indefinidamente la situación.
¿Por qué algunas personas no toman una decisión?
Las causas son muy variadas:
- Desconocimiento de las consecuencias.
- Miedo a heredar deudas.
- Conflictos familiares.
- Falta de acuerdo entre los herederos.
- Creencia errónea de que "si no hago nada, no pasa nada".
Sin embargo, mantener una posición pasiva rara vez resuelve el problema.
Antes de decidir, conviene conocer la situación de la herencia
Aceptar o renunciar no debería ser una decisión impulsiva.
Antes es recomendable analizar:
- Qué bienes forman parte de la herencia.
- Si existen deudas.
- Las consecuencias fiscales.
- La posibilidad de aceptar a beneficio de inventario.
Contar con toda la información permite tomar una decisión con mayor seguridad.
Conclusión
No aceptar ni renunciar a una herencia puede parecer una forma de ganar tiempo, pero en muchas ocasiones solo retrasa el problema y perjudica al resto de herederos.
La ley ofrece mecanismos para desbloquear estas situaciones y evitar que una herencia quede paralizada indefinidamente.
Antes de tomar una decisión —o de no tomar ninguna— conviene conocer las consecuencias jurídicas de cada opción.
Puedes contactar con Clara Rey para estudiar tu caso concreto.
